Ayer que visité el mercado Roberto Huembes, creo que me encontré con una de las mentes más lúcidas de la mercadotecnia pinolera.
Se trata de una vendedora de chicha, que hace algún tiempo decidió compartir el recetario de lo único que la hacía diferente a las demás, y escribió en una pizarra acrílica (en letras rojas, por supuesto) los ingredientes necesarios y las proporciones exactas para obtener un fresco de chicha, tan delicioso como el de los toneles de donde despacha.
Lo que ella puso en práctica, no es más que un moderno y muy debatido principio de colaboración y compartimentación de conocimientos y destrezas, en un mundo cada vez más competitivo. Adonde los secretos poco a poco dejan de ser ventajas; porque al final, lo que prevalece es la calidad y calidez en los servicios.
Sin duda, una estupenda iniciativa que todos deberíamos imitar; sobretodo, aquellos que vivimos inmersos en la web 2.0