Sequía en Nicaragua

La triste verdad es que Nicaragua se está secando, y poco, o casi nada, se está haciendo para evitarlo.

Cuando aprendí a nadar, a inicios de los 80s, lo hice en una quebrada, muy cerca del río Ochomogo en Rivas.

Las mujeres lavaban, las vacas bebían, los adultos pescaban. Los chavalos nos tirábamos de las ramas de los árboles y caíamos en el agua de cabeza, de panza o sentados. Era el paraíso.

Recientemente, en marzo de 2016, pasé por la misma quebrada. Solamente hay piedras, polvo, maleza. Un cause desierto.

Ideas para rescatar esos paraísos, hay muchas. Voluntades, muy pocas.

En el 2010, tuve la oportunidad de trabajar con un equipo multidisciplinario en un proyecto de Cosecha de Agua. Se presentaron al gobierno, alcaldías y productores, los resultados de los proyectos pilotos: Con apenas diez mil dólares, se podían construir pequeñas represas, que con un par de aguaceros del más malo invierno, podían llenarse y abastecer de agua para riego y consumo humano a pequeñas fincas de hasta 20 manzanas. Durante todo el verano siguiente!

Las represas tendrían una vida útil de 50 años. Y a diferencia de las represas que conocemos en el resto del país, éstas no tomarían agua de ningún río. Se abastecerían exclusivamente del agua de lluvia.

Después de presentado el proyecto y haber demostrado que era una empresa viable económicamente, y de gran valor desde el punto de vista social; nadie movió un dedo. Ni gobierno, ni campesinos, ni productores. Algunos lo vieron caro y otros no le vieron ganancia política en aquel momento.

Sin embargo, hay finqueros, que compran de contado una camioneta 4X4 de cincuenta mil dólares, y en menos de dos años la renuevan por otra similar o más costosa.

Lo mismo pasa con el gobierno. Abundan los ejemplos de gastos superfluos e improductivos, sin beneficio social de ningún tipo.

El punto es que, estos dos actores claves en la economía del país, dieron la espalda a algo que pudo significar un salto gigantesco para salir de la pobreza, y sufrir menos, los terribles estragos de la sequía que hoy nos aqueja.

No sé si esta sea ya la sexta extinción del planeta. Pero hay que hacer el intento por detenerla.

Quién sabe, quizás en 50 años, los ríos que hoy están secos, vuelvan a recibir chavalos que se tiran de panza, de espalda o sentados.

 

Jerson
Consultor de Internet Marketing, SEO experto, Administrador de Servidores Linux, Fan de Joomla, Drupal y Wordpress, Lector de todo y Escritor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.